Durante 22 años recorrió las calles de Bogotá como integrante de la Policía Nacional. Mucho antes de eso, cuando apenas tenía 17 años, ya había descubierto otra pasión que nunca abandonaría: el ciclismo.
Escrito por: María Hernández
Hoy, a sus 65 años, esas dos historias siguen encontrándose cada día. Antes del amanecer se sube a su bicicleta para entrenar. Horas después recorre las calles de la localidad de Santa Fe como gestor del Instituto para la Economía Social - IPES. El uniforme cambió, pero la disciplina sigue siendo la misma.
A las cuatro y media de la mañana, cuando buena parte de la capital todavía duerme, Héctor Barón ya está despierto. Se alista y sale a entrenar con la Asociación Nacional Senior Master de Cundinamarca, de la que hace parte desde hace varios años. Hay días en los que regresa a casa sobre las nueve de la mañana y otros en los que vuelve cerca del mediodía. Solo entonces desayuna, descansa un momento y se prepara para comenzar una segunda jornada.
El ciclismo llegó a su vida cuando era apenas un adolescente y, desde entonces, nunca se fue. Décadas después sigue siendo una parte esencial de su rutina y no solo por el ejercicio físico, para Héctor la bicicleta representa la constancia, el esfuerzo y el compromiso, valores que lo han acompañado en cada etapa.

Héctor empezó a montar bicicleta desde los 17 años. / Cortesía
El otro gran capítulo de su vida comenzó con el uniforme de la Policía Nacional. Durante 22 años trabajó recorriendo las calles de Bogotá, atendiendo situaciones de todo tipo y aprendiendo a relacionarse con personas en distintos contextos. Esa experiencia que le dejó algo que hoy considera indispensable para su trabajo.
“La Policía le enseña a uno a escuchar, a tener paciencia y a entender que todas las personas son diferentes. Uno aprende a tratar con mucha gente y a manejar situaciones difíciles sin perder el respeto”, explica.
Cuando terminó esa etapa pensó que había cerrado un ciclo de servicio a la comunidad. Sin embargo, hace poco más de dos años encontró una nueva manera de seguir haciéndolo, esta vez como gestor territorial del IPES.

Una conversación con una vendedora informal hace parte de la rutina diaria de Héctor./Fotografía: María Hernández
Poco antes de la una de la tarde llega a la plazoleta La Mariposa, en la localidad de Santa Fe. Como de costumbre, llega antes de la hora prevista. Saluda a sus compañeros, pregunta por las novedades del turno de la mañana y revisa qué actividades quedaron pendientes.
“Me gusta llegar temprano. Siempre he sido así. Sí sé que tengo que estar a cierta hora, procuro llegar media o una hora antes para enterarme de qué pasó durante la mañana, hablar con mis compañeros y arrancar la jornada sabiendo qué hay pendiente. Me gusta hacer las cosas bien y con tiempo”, cuenta.
Durante la tarde atiende a vendedores y vendedoras informales que se acercan a solicitar información o actualizar sus datos. Entre una consulta y otra recorre el sector para verificar registros, acompañar actividades e identificar novedades.
Cuando el movimiento disminuye, sale a caminar. Recorre calles que ya conoce de memoria, identifica a quienes han llegado recientemente al sector y saluda a vendedores con los que se encuentra casi todos los días.
“La mayoría de los vendedores me conocen y yo también los conozco a ellos. Hay personas con las que uno se encuentra todos los días. Cuando existe el respeto, las cosas funcionan mejor”, afirma.
La jornada continúa entre verificaciones, recorridos y conversaciones. Al finalizar la tarde participa en un recorrido junto a funcionarios de distintas entidades distritales. Mientras avanza por las calles de Santa Fe señala direcciones, recuerda nombres y ubica puntos de referencia con la naturalidad de quien ha aprendido a conocer el territorio paso a paso.
Cuando le preguntan qué es lo que más disfruta de su trabajo, no duda en responder:
“A mí me gusta servir a la comunidad. Me gusta ponerme la chaqueta del IPES, salir al territorio, hablar con la gente y sentir que de una u otra forma uno puede ayudar”, dice.
Al terminar el recorrido regresa a su casa, en el barrio Santa Lucía. Descansa unas horas antes de que la alarma vuelva a sonar. Al día siguiente volverá a hacer lo que ha hecho durante buena parte de su vida:
Levantarse antes del amanecer, subirse a la bicicleta y salir a recorrer la ciudad. Aunque cambiaron los escenarios y el uniforme, la disciplina con la que Héctor Barón ha elegido servir a los demás sigue siendo la misma.
Oficina Asesora de Comunicaciones
INSTITUTO PARA LA ECONOMÍA SOCIAL - IPES
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