A sus 66 años, Amparo Vargas sigue haciendo planes para aprender. Mientras muchas personas hablan de descanso o de retiro, ella habla de terminar la casa que lleva años construyendo gracias a su negocio de confección, de una estampadora a la que todavía quiere sacarle más provecho y de los monederos que está elaborando con retazos de tela para abrir una nueva línea de productos.
Escrito por: María Hernández
“Yo me inscribo para todo”, dice entre risas.
No parece una exageración. Basta escucharla unos minutos para entender que siempre está pensando en el siguiente proyecto. Mientras conversa, va señalando cada una de las máquinas que ocupan su local en el Punto Comercial Veracruz. No las muestra simplemente como herramientas de trabajo. Para Amparo, cada una de ellas representa un momento distinto de la vida que ha construido durante los últimos años.

Amparo Vargas lleva cerca de nueve años en el Punto Comercial Veracruz, donde ha fortalecido su negocio de confección y construido un futuro para ella y su familia. / Fotografía: María Hernández
“Desde que llegué aquí mi vida cambió por completo. Con este negocio saqué adelante a mis hijos, estoy terminando de construir mi casa y sigo trabajando por nuevos proyectos. Llegué con dos máquinas viejitas y hoy tengo cuatro máquinas nuevas, una estampadora, una máquina para pegar broches y muchas herramientas más. Todo eso lo he ido consiguiendo poco a poco”, cuenta.
La estampadora ocupa un lugar especial. La recibió gracias a uno de los procesos de fortalecimiento en los que participó junto al Instituto para la Economía Social - IPES y todavía siente que no le ha sacado todo el provecho que quisiera. Su idea es utilizarla para personalizar monederos y cartucheras elaborados con retazos de tela, un proyecto que espera presentar muy pronto en ferias y espacios comerciales.
Detrás de esa estampadora, de las máquinas y de cada herramienta que hoy ocupa su taller hay una historia que comenzó hace más de dos décadas. Amparo se vinculó al IPES en 2005, cuando recibió un espacio para desarrollar un negocio de Internet. Tiempo después tuvo que dejarlo para dedicarse al cuidado de su madre, y cuando esa etapa terminó, volvió a tocar las puertas de la entidad. Fue entonces cuando recibió un local en el Punto Comercial Veracruz, donde lleva cerca de nueve años fortaleciendo su negocio.
Con el paso del tiempo, ese local dejó de ser únicamente un espacio de trabajo. Allí construyó una clientela fiel, fortaleció su emprendimiento y empezó a levantar la casa que está construyendo. Cada nueva herramienta que fue incorporando al taller representó una oportunidad para ampliar los servicios que ofrecía, atraer nuevos clientes y seguir construyendo el futuro para ella y sus hijos.
“Yo aquí vivo con mucha tranquilidad. Estoy agradecida con el IPES por brindarme esta oportunidad y ayudarme a cambiar mi vida. Este lugar es mi segundo hogar, no lo siento como mi trabajo. Soy muy feliz aquí”, dice mientras termina de cortar la bota de un pantalón.
La palabra tranquilidad aparece varias veces durante la conversación y no es casualidad, pues después de muchos años de trabajo, fue en este lugar donde encontró la estabilidad que durante tanto tiempo buscó y desde donde pudo seguir construyendo la vida que soñaba.
Antes de llegar al Punto Comercial Veracruz, su realidad era muy distinta. Trabajó durante años de manera independiente mientras sacaba adelante a sus hijos. Aprendió confección en diferentes fábricas, perfeccionó el oficio observando a otras personas y fue acumulando una experiencia que hoy le permite realizar prácticamente cualquier arreglo.

Entre hilos, telas y máquinas de confección, Amparo dedica cada jornada a un oficio que ha perfeccionado durante décadas. / Fotografía: María Hernández
Ese conocimiento no solo le permitió consolidar un negocio. Durante años fue la herramienta con la que sostuvo a su familia y acompañó el crecimiento de sus hijos, quienes hoy representan uno de sus mayores orgullos.
“Uno de mis hijos es contador y revisor fiscal, la otra es administradora de empresas y el otro está en el cielo. Yo siempre trabajé para sacarlos adelante y ahora sigo trabajando porque esto es lo qué sé hacer”.
Mientras recuerda ese camino, acomoda algunas prendas sobre la mesa y vuelve a revisar los arreglos que debe entregar ese día. Su forma de trabajar es tan importante como las herramientas con las que ha construido el negocio.
“Yo siempre cobro por adelantado porque así organizo mi trabajo. Doy una fecha de entrega y cuando llegan, ya está lista. Soy perfeccionista con todo lo que hago porque así es como la gente me conoce”, dice con orgullo.
Gracias a esa disciplina, el taller ha seguido creciendo. Las máquinas ya no solo sirven para arreglar ropa. Ahora son el punto de partida de nuevos proyectos. Sobre una mesa reposan decenas de retazos que pronto se convertirán en monederos y cartucheras. Muy cerca está la estampadora que espera aprender a manejar mejor para darles un valor agregado y abrir nuevas oportunidades para su emprendimiento.
Por eso, cuando se le pregunta si ha pensado en dejar de trabajar, responde sin dudarlo. “Yo no me veo en la casa mirando televisión todo el día, me aburriría del estrés. A mí me gusta aprender, hacer cosas, ser útil, no quedarme quieta”, aclara.
Antes de despedirse vuelve a mirar las máquinas que la rodean. Están las dos con las que comenzó, las que fueron llegando con los años, las que recibió para fortalecer su negocio y las que hoy la acompañan mientras sigue imaginando nuevos proyectos.
Cada una cuenta una parte de la historia que la llevó a construir una clientela, sacar adelante a su familia y levantar, poco a poco, la casa que durante años soñó.
“Yo soy feliz aquí”, repite una vez más. Y después de escuchar su historia, resulta fácil entender por qué.
Oficina Asesora de Comunicaciones
INSTITUTO PARA LA ECONOMÍA SOCIAL - IPES
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